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Barandillas y rejas de hierro forjado: cómo evitar el óxido

La brisa marina y la humedad del invierno atacan el hierro forjado. Cómo limpiar barandillas, rejas y cancelas y tratar el óxido a tiempo en la Costa del Sol.

· 3 min de lectura

Entrada de una villa con suelo de baldosa y una barandilla de hierro forjado negro con luz suave de otoño

Por qué el hierro sufre tanto cerca del mar

El hierro forjado es muy habitual en las casas andaluzas: barandillas de balcón, rejas, cancelas y escaleras. También es de lo primero que acusa el salitre. Las diminutas partículas de sal se posan sobre el metal, retienen humedad y aceleran la oxidación, y las mañanas húmedas del otoño y el invierno lo empeoran.

El óxido casi nunca empieza como una gran mancha. Aparece donde la pintura se ha desconchado, en las soldaduras, en la base de los barrotes donde se acumula agua y en la parte inferior de los pasamanos, que nadie mira. Detectarlo a tiempo es mucho más fácil que reparar una barandilla descascarillada.

Una rutina suave para un hierro limpio

Cada uno o dos meses, pase un paño suave con agua tibia y unas gotas de jabón lavavajillas neutro por el hierro pintado, aclare con otro paño húmedo y séquelo bien. Secar es importante: dejar agua sobre el metal anula el esfuerzo. Fíjese sobre todo en la parte baja de los barrotes y en las esquinas donde se acumulan polvo y sal.

Evite la hidrolimpiadora y los cepillos metálicos duros sobre pintura en buen estado, así como la lejía o los productos ácidos, que dañan el acabado y pueden manchar la piedra o la baldosa de debajo. Después de una calima o de un día de viento con salitre, merece la pena pasar un paño rápido.

Qué hacer con los primeros signos de óxido

Si ve un puntito anaranjado o una zona con la pintura abombada, actúe pronto. Retire los restos sueltos con un cepillo de cerdas duras de plástico o un cepillo metálico blando, con guantes y gafas de protección, y lije los bordes con suavidad hasta llegar a metal limpio y firme. Quite el polvo con un paño.

Después aplique una imprimación antioxidante para metal de exterior y, una vez seca, un esmalte adecuado para hierro de exterior. Siga las indicaciones del bote, trabaje en un día seco y poco húmedo, y proteja el suelo con cinta de carrocero y una lona. Si el óxido ocupa una zona grande, afecta a la estructura o la barandilla se nota floja, lo correcto es llamar a un herrero, no a una empresa de limpieza.

Protegerlo antes de que llegue la humedad del invierno

Entre repintados ayuda una capa fina de protección. Hay quien usa una cera ligera o un producto transparente pensado para metal de exterior; compruebe que sea compatible con su acabado y pruébelo antes en un rincón poco visible. Procure que el agua drene lejos de la base de los barrotes y no se estanque alrededor.

En la medida de lo posible, mantenga alejados del metal las plantas, el riego por aspersión y los cojines de exterior mojados. Repintar cada pocos años, antes de que la pintura falle, suele salir más barato que esperar a que vuelva el óxido.

Cómo vigilarlo cuando no está en casa

El hierro se olvida con facilidad en una segunda residencia, y el óxido no espera a que usted llegue. Un paseo por el exterior cada estación, mirando barandillas, cancelas, rejas y mobiliario de jardín, le dirá qué necesita atención.

En Lavanda podemos incluir un repaso suave de barandillas y cancelas en la visita a su villa y avisarle si vemos óxido incipiente, para que pueda encargar la reparación adecuada antes de que se extienda.

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